Cómo diseñamos evolucionando la experiencia en MOME
Todo producto empieza chico. Una primera versión que resuelve lo necesario para operar: una propuesta funcional pensada, principalmente, para validar que algo sirve. Esa es la naturaleza de un MVP y así entendemos el punto de partida del diseño de experiencia producto en MOME.


Todo producto empieza chico. Una primera versión que resuelve lo necesario para operar: una propuesta funcional pensada, principalmente, para validar que algo sirve. Esa es la naturaleza de un MVP y así entendemos el punto de partida en MOME. La pregunta que responde es "¿esto funciona?", y no "¿esto resuelve lo que a esta persona le cuesta?". La segunda pregunta se responde después, y no se responde por sí sola: se responde con las personas que usan el producto todos los días.
Así diseñamos en MOME: la propuesta inicial nunca es el final del camino, es el punto de partida de un proceso de Discovery constante con jefes de venta, directores comerciales y ejecutivos que viven la operación de venta día a día. Cada conversación con ellos va enriqueciendo lo que construimos, porque cada una trae un dolor concreto y real, no una idea de “lo que es bueno tener".
Ese orden es el criterio que guía cada decisión de diseño en MOME: las funcionalidades no nacen de lo que es técnicamente posible, nacen de los dolores que identificamos en el proceso de Discovery. Si algo no responde a una fricción real de una persona real, no se construye. Primero el dolor, después la solución, nunca al revés. El rediseño del CRM de la plataforma de MOME es un buen ejemplo de este proceso: partió como una lista funcional para llevar un registro del estado de negociaciones. Pero a medida que se fue avanzando el proceso de Discovery con ejecutivos y jefes de venta nos dimos cuenta que el principal problema no era la falta de un registro de las negociaciones, más bien el hecho de que entre tantas negociaciones no sabían por dónde empezar el día. De este análisis salieron los insights que generaron lo que hoy es la base del CRM de MOME: la IA que sugiere acciones de seguimiento para las negociaciones más críticas.
El objetivo detrás de cada iteración es siempre el mismo: mejorar, optimizar y potenciar la eficiencia del trabajo de las personas que usan MOME, aunque cambie la forma que se llegue a él. El fin no es que el producto se vea más completo, sino destrabar los cuellos de botella reales de su operación y agilizar el proceso de venta de punta a punta. Cuando alguien deja de ocupar su tiempo en registrar o interpretar información y empieza a actuar directamente sobre lo que importa, se traduce en mejor seguimiento, más cierres y mejores resultados para el negocio.
Es aquí donde se encuentran las dos caras de un buen diseño de experiencia: por un lado se resuelve un dolor humano y concreto, y por otro se entrega valor medible al negocio. No son objetivos distintos que hay que balancear, son la misma cosa vista desde dos lugares. Una experiencia que de verdad resuelve el dolor de quien la usa es, casi automáticamente, una experiencia que hace crecer el negocio.
Este es, en el fondo, el trabajo de diseño de experiencia que nunca termina: no es una etapa que se cierra después del lanzamiento, es un proceso que se repite cada vez que se descubre un nuevo dolor. El MVP es siempre el primer paso. Cada versión después es la misma pregunta hecha de nuevo, con más información: ¿qué le está costando a la persona que tenemos al frente, y cómo se lo devolvemos como tiempo?